a la orgía

¿Dónde está la brecha? ¿Cómo saltarla? ¿Cuándo se produce el salto, la metamorfosis? La fiesta llega a ser orgía, la multiculturalidad interculturalidad, la filosofía política, la política liberación. Dejamos de resistir solos (munus, carga o débito que debe intercambiarse entre individuos) como personas, familias, tribus, barrios... y la co-munión con lo que nos sobrepasa se produce. Llegar más lejos de lo que podemos, ¿para qué si no sirven las metáforas?

¿Hasta qué punto el haber llegado primero da validez a nuestros privilegios? El mismo derecho que da la fuerza del primer ocupante lo reclama la victoria del conquistador. Recuerdo de niño en un bar: Málaga, el limpia, le pregunta a mi padre: “Dr. Sanz, mire a ver qué dice este nativo”. Que insistía en hablarle en catalán. Los malentendidos ahora en catalán, si us plau. Los que vienen de fuera son los que tienen que adaptarse. Y los que estaban aquí hablando la lengua de sus padres también, que mandan otros. Eso del deber de "ser el primer traductor para conseguir ser el que lo hace mejor" no se aplica a nuestra adaptación a los que vienen de fuera. Necesitamos la elaboración de una noción común tanto como en la época de Spinoza:

A la pregunta fundamental: ¿Cómo conseguimos formarnos ideas adecuadas y en qué orden cuando las condiciones naturales de nuestra percepción nos condenan a no tener más que ideas inadecuadas? Spinoza responde diciendo: "Mediante la producción de nociones comunes". La noción común es la representación de dos o más cuerpos o de la unidad de esa composición. Su sentido es más biológico que matemático. No son abstractas sino generales....

Cuando se producen se asiste a la unión, a la fusión, a la orgía. Y no solemos preguntarnos por qué vamos a hacer después de la orgía, sino por cómo llegar a participar en ella. Pues a base de incluir el exceso, exagerar el protagonismo, la insolencia; de un asentimiento radical, de la suspensión temporal de la “buena educación”, de la adhesión simbólica de lo dominado en nosotros. Se asiste a un comienzo real. Sabemos por qué las preguntas sobre qué hacer después eran irrelevantes. Teníamos la audacia de carecer de fundamento.

Necesitamos paciencia, de acuerdo. Pero volver a barajar también. Estamos en crisis. Son, entonces otras las cartas. Es posible, incluso, que nos sea dado jugar de otra manera. La aproximación reduccionista que consiste en confiar en una sola serie de factores para resolver la totalidad de los problemas planteados por la crisis multiforme que ahora atravesamos, es menos una solución que el propio problema.

¿Quién podría dejar de ver que lo que hace la vida difícil a la inteligencia actual es una falta de audacia que un exceso de modestia, que la verdadera crisis pudiera ser una crisis megalopática? La habitabilidad de los mundos venideros en los que sólo nos es dado participar como espectadores no está demostrada, la conductibilidad de las evoluciones políticas apenas es más que un deseo piadoso. ¿Qué se ve venir? Un siglo de las horas extraordinarias, de la irresolución, de la desbandada masiva. Pero no vale lamentarse y no es presentable hacerse el pequeño. El deber de ser feliz está más vigente que nunca en tiempos como los nuestros. El verdadero realismo de la especie consiste en no esperar menos de su inteligencia de lo que se exige de ella.

"El otro barco nos había desarbolado, más de la mitad de nuestros cañones estaban inutilizados y ellos, que no habían estado hasta ahora al alcance de los nuestros, nos conminaron a rendirnos. Todos pudimos oír la voz de nuestro pequeño capitán diciendo orgullosamente que por nuestra parte sólo habíamos estado en la primera parte de la batalla". Los buenos generales: para las buenas retiradas. El sistema capitalista se alimenta de crisis (lo sabemos, no insistáis más en ello), habría que convertir esta crisis en otra cosa si no queremos dar de comer a la bestia. Y no olvidar que caer en general no duele, duele dejar de caer. Mientras podamos movernos no podemos dar la historia por terminada. Y si no nos podemos mover más que al otro lado del margen de la realidad que marca el dinero, aprovechemos. Es el momento.

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