Leo en el panfleto de herederos de Polanco un artículo sobre el joven asesinado el Sábado en una discoteca del madrileño barrio de Moncloa por los porteros del mismo antro.
Y lo que más me escandaliza no es que un portero de discoteca sea un tarugo sin cerebro capaz de matar a un chaval a golpes -de hecho la experiencia propia me ha demostrado que la subnormalidad profunda se valora muy positivamente para el puesto-, sino que sus amigos allí presentes no movieran un dedo por miedo a que les pegasen a ellos también:
Mientras, a pocos metros de allí, los dos acompañantes de Álvaro no pudieron hacer nada. Los otros dos porteros les cortaban el paso. Pero, además, estaban petrificados. Se sentían incapaces de actuar en su ayuda. "¿Qué puedes hacer? si te metes te puede pasar lo mismo a ti. Esta gente son armarios roperos y saben perfectamente cómo pegar", explicaron, a mediodía de ayer, varios de los amigos del joven.
En fin. El miedo es libre. Espero que su conciencia también para lo que les queda de vida.
Comentarios recientes
hace 8 horas 20 min
hace 9 horas 6 min
hace 9 horas 49 min
hace 9 horas 52 min
hace 9 horas 53 min
hace 10 horas 7 min
hace 10 horas 8 min
hace 10 horas 54 min
hace 10 horas 58 min
hace 11 horas 8 min