El príncipe (...) no sólo reina sino también gobierna. En efecto, (...) no sólo es el soberano y la autoridad ejecutiva sobre el país cuyo nombre utiliza como apellido, sino que además tiene poder de veto sobre las decisiones parlamentarias. A pesar de esta concentración de poder tan poco democrática, el príncipe cogobierna con el Partido de los Ciudadanos Progresistas y ha tolerado que las mujeres obtuvieran en 1984 derecho a votar en las elecciones nacionales, aunque todavía no en las municipales. En el día a día comparte la conducción del país con su hijo y heredero (...).
No, Liechtenstein. Otro pequeño gran paraíso fiscal en el corazón de Europa donde la violación del secreto bancario está penada por ley. Debe ser cosa de la libertad de expresión.
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