¿Existe un buen empleo en una fábrica de armamentos? ¿Y en una de automóviles? ¿No es acaso el consumo de sumideros exosomáticos de energía la continuación de la guerra por otros medios? Hay dos maneras de considerar la austeridad, una como una cuestión de buen gusto y otra como una resignación a las condiciones del mercado. En el primer caso me remito a aquello de que el mal gusto es un crimen, en el segundo en que cuando nos conformamos con poco se lo estamos poniendo más fácil a los explotadores.
Una amiga tuvo el acierto de venderse el coche antes de que los precios empezaran a caer, nuestro mundo tiene ruedas, pero nosotros no, y por mucho que en los conflictos de nuestro ser contra el mundo nos guste defender al mundo: no en todas las cosas. Entre los habitantes de algunos países africanos suelen encargarse ataúdes que tienen la forma de Mercedes. Nosotros no los llamamos ataúdes pero se encargan con propósitos similares, incluso hay gente que quiere ser enterrada al volante, con coche y todo. No conviene pasarse de austero. Hay ejemplos de ello, por ejemplo en las rocas de Calatañazor quedan tumbas antropomórficas, alguien las labró con la forma de su cuerpo como lecho final. En los años oscuros del medievo los más instruidos monjes solían, con ánimo ciertamente austero y previsor usar el ataúd como cama.
Decía Nietzsche que si entendemos la moral como una especie de guía de salud, podemos entender que haya personas, bien constituidas, que puedan pasar de la moral, del mismo modo que pasan de terapias personas sanas y bien constituidas. Más literalmente: “Amo a los desgraciados que tienen vergüenza de si mismos, que no vierten sus orinales en la calle: cuyos corazones y lengua guardan todavía el suficiente buen gusto para saber decirse: "es necesario honrar mi desgracia, es necesario disimularla...". Pero por mucho que sea de una gran prudencia que cuando se puedan remediar las cosas, remediarlas, y cuando no, disimularlas, para recuperar la tensión vital muchos de nosotros necesitamos complicarnos la vida, meter en ella a los demás y luego inventarnos morales para los malos ratos.
Los poderosos de la tierra no están tampoco a salvo de ello, a ver si no: ¿Existe pesimismo en el poder? ¿Una intelectual inclinación a la austeridad, al horror, al mal? ¿Una profundidad en las tendencias antimorales? ¿Un apetito hacia lo espantoso como enemigo digno?
Me cuenta, la amiga de antes, que estaba unida a su amante no sólo por el buen gusto sino también por la pasión. Cuando la pasión se debilitó el buen gusto la puso a salvo de una broca tipo Strindberg. No hubo terceras personas ni por su parte ni por la de él. Se distanciaron, y eso les apesadumbraba a ambos. Ya no buscaban razones ni culpables hacía mucho, que así eran las cosas.
Cuando veo a los trabajadores afectados por los Expedientes de Regulación de Empleo en la tele no puedo por menos que volver a pensar en la necesidad de exportar sistemas de ocio con dignidad, en los parados felices y en la renta general básica. De, ya que vamos a ser la residencia geriátrica de Europa, empezar a predicar el turismo interior con el ejemplo.
Es unacuestión de exigencia de igualdad y de excelencia. La primera responde a nuestro buen gusto y mejor olfato que hace que nos disguste que a un compañero le vayan mal las cosas. El mínimo aceptable sería la igualdad de oportunidades y la renta básica. La segunda responde a la necesidad de fomentar la distinción a través del especialismo y de recompensar el mérito de cada cual. Sin ello parece imposible motivar a los ciudadanos para que actúen de un modo favorable a los intereses comunes y la renta básica pueda estar al alcance de los más desfavorecidos.
Y que no nos veamos llevados a tener que elegir entre la igualdad de oportunidades y la igualdad de resultados. Porque entonces es que ya hemos optado por la de oportunidades, y cuando las cosas dejan de ir tan bien como siempre es hora de buscar la de resultados. Y dejar la cantinela neocon, de que por buscar la igualdad de resultados es por lo que las cosas dejan de ir tan bien como siempre, en su lugar descanso. Que estos son otros tiempos ya.
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